Relato de la comunidad

HERENCIA

Por Clara París · La Vila Joiosa

Detrás de sus antiguas gafas octogenarias, su mirada era de verdadero asombro.
No lo podía creer, ¡parecía magia!

Después de tantos esfuerzos en vano, por fin las letras empezaban a brotar de su agotada estilográfica, todavía tímidas y temblorosas, pero firmemente unidas como buenas compañeras.

El tiempo y la paciencia que ese pequeño había dedicado a enseñar a escribir a su anciano abuelo eran un acto de verdadero amor.

Estaba tan contento que solamente quería escribir las palabras más bonitas y largas, como: Solidaridad, Generosidad, Humanidad…
Y todas las que que riman con Felicidad.

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