Relato de la comunidad
QUIETOS, CALLADOS
Por Galilea
De susurros se llena la noche;
son demonios que vagan
al olor de la carne putrefacta.
Sin luz que alumbre mis pasos
camino a ciegas sobre restos
de una materia orgánica
arrancada a dentelladas;
contemplación siniestra
sin matiz que mitigue
la criminal desdicha.
Qué quietos se quedan los muertos;
a los gusanos sin quejas
permiten hacer su trabajo.
Nunca se levantan reclamando justicia.
Tan quietos se quedan sin sangre en las venas;
olvidando venganzas y callándose afrentas.
Irritante docilidad,
paciente conformismo.
Quietos, callados.
Ventaja de quienes siguiendo vivos
dejaron estelas de muertes
que no piden cuentas, que no se levantan.