Relato de la comunidad
LA EXPEDICIÓN
Por José Tarazona Sanz
Entramos en aquella mansión abandonada por una ventana rota. Las linternas temblorosas iluminaban nuestros pasos por las diferentes estancias. Al llegar a la biblioteca, quedamos maravillados por la magia de una enorme librería repleta de incunables completamente cubiertos de telarañas y polvo. Los volúmenes habían perdido todas las letras del tejuelo debido al paso del tiempo. El amor por los libros siempre había ejercido como nuestra brújula interior. Entonces, María subió a una escalera carcomida y empezó a bajarlos con cuidado.
—¡Chicos, un poquito de solidaridad!—gritó.
Empezamos a ayudarla como si el destino de la humanidad dependiera de ello.