Relato de la comunidad
AMAPOLA
Por Angel
Sus sentidos se enardecieron, en concierto y sin clemencia, catapultados por las inesperadas melodías átonas de Amapola, que sonaban cerca e hicieron que la evoque de manera envolvente y dolorosa.
Bastaba con alejarse para librarse del martirio, pero el dulce deseo de llorar que lo invadía, lo cautivaba tanto como con las luciérnagas lo hacía, el rielar de los faroles que iluminaban el camino.
Evito llorar por vergüenza: la delatora luna de esa noche, testigo asidua de fenecidas tertulias, le enrostraba su flaqueza, no la de ese instante, sino aquella cuando renunció a ser FELIZ por complacer a su padre.