Relato de la comunidad
SIN ESPÍRITU
Por José Carlos Brutau
Sin alma se puede vivir, ¡vaya si se puede vivir!. Así nos aporrean las meninges los librepensadores de la nada, los negadores de Cristo, Buda, Mahoma o Yaveh, los exégetas de la parsimonia y el buenrrollismo. Aseveran que aquí en la Tierra, lo más importante es que no falte el agua y la comida. Amor, afecto, amistad, ternura son condimentos esotéricos que aderezan el plato diario de nuestra vida, pero para nada suponen trascendencia y mucho menos que haya algo más dentro del chasis que vísceras y fluidos. Y por supuesto siempre hay quien hace «apostolado» de ello.