Relato de la comunidad
Trascender
Por Gabriela Vázquez
Aquel caos de egoísmos o codicias,
lamentos sin sentido, aburrimiento,
ausencia de empatía (de caricias),
insistiendo en sembrarme el desaliento,
había comenzado a exasperarme.
Cuando volvió a crecer la confusión,
llamé a los más cercanos (un puñado),
no pedí ni piedad ni comprensión.
¡La escucha es un tesoro tan preciado!
La gente hizo silencio, pude hallar,
en medio del bullicio del lugar,
la atención suficiente que exigía
una noticia así, como la mía…
El anuncio imposible, inesperado,
germinó sin preámbulos inútiles,
quité adjetivos nimios, quizá fútiles,
y pronuncié en voz alta, sin dudar:
“¡Vivir es mucho más que respirar!”