Relato de la comunidad

Morriña de los días felices de mi infancia…  Esos en los nunca pasaba nada y éramos libres para correr por las callejuelas de la aldea…  Jugar a la búsqueda del tesoro, que quizás no fuese más que una

Por CRISTINA HERRERO

Hoy, de todo aquello no queda nada,  solo las cenizas de un pueblo fantasma, casas abandonadas con tejados hundidos.

Pero siempre hay esperanza…  en una esquinita del jardín de mis recuerdos de juventud, aún crece un tulipán amarillo, de los bulbos que planté con mi padre… erguido, fuerte, maravilloso… Como él.

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