Relato de la comunidad
.
Por Alejandra Sainz
Ya pasaban dos meses de confinamiento y me entró morriña de Estambul al ver que mis vacaciones se rompían en pedazos. Pensé en consolarme yendo a un pueblo cercano a mi aldea, quizás allí encontrara el tesoro que andaba buscando: un recipiente donde echar la ceniza de los cigarros que me fumo. Decidí ir y ¿Qué me encontré? Una caja de madera, con un tulipán pintado en su tapa, que podría serme útil. Nunca pensé que mi tabaco abonara tan hermosa flor.