Relato de la comunidad
Abalconado en ola de Fisterra, su saliva, espuma marinera, hace escondite entre los dedos de mis pies descalzos, salta a mi boca, sabe a melancolía, a laúd de morriña.
Por JOSE LUIS ARTEAGA GARRIDO
No quiero secar mis pies y aún menos mi boca, y así, con abarcas de cuerda al hombro, encaro la vereda hacia mi aldea.
La brisa del inmediato antes me chista: “¡Shhh! Guarda el tesoro de ceniza, pero escucha, el límite frontera del hombre está detrás del horizonte”. Reto, avanzo dos pasos y él se aleja otros dos.
Me giro, un tulipán rojo surge en la mar. Sonrío.