Relato de la comunidad
AMANECE
Por Yennice Pérez Padrón
El día transcurre, llega la noche, no cualquier noche, una más larga, más oscura, más no eterna. En medio de ella la multitud se sumerge en lo más íntimo de su consciencia, ahora más plena, más iluminada, resplandeciente cual bombilla que sólo se descubre en medio de la oscuridad. Afuera hay dispersión, agitación, desespero, pero adentro, en el profundo interior de cada alma, allí todo permanece en equilibrio, sostenido en la vitalidad infinita del Santo Espíritu que le habita, que no fallece, que trasciende, que calma la furia de todo aquello que un día pudo confundirnos… ¡Y entonces amanece!