Relato de la comunidad
ARTE
Por CARMEN ROSIQUE
Una mujer joven en el centro de la escena parecía representar la desidia. Allí tumbada en una vieja hamaca, se abanicaba con una mano, mientras parecía reparar con la otra una flor de papel sobre su regazo. Otra mujer, bastante mayor, hacía macramé sentada en una silla de lona verde. Sostenía unas pequeñas gafas sobre la punta de su nariz. La piel de ambas estaba brillante de sudor. Se hacía patente el calor de la tarde tropical. Entonces la artista se volvió y empapó su pincel en azul índigo. Le quedaba por pintar el cielo profundo del anochecer.