Relato de la comunidad

CADA DIA TIENE SU AFAN

Por CARMEN ROSIQUE

En aquella casita apenas entraba la luz. Marta decidió hacer una ventana grande y sin pensárselo dos veces cogió un gran mazo y golpeó con firmeza la pared. Se abrió paso entre los escombros y notó el viento frío en la cara. Quizá se había precipitado, ahora tenía luz pero necesitaba resguardarse del frío. No se arrepintió de su impulso. Le habían enseñado que para avanzar había que arriesgarse. Se puso a buscar una solución para esa gran ventana que acaba de abrir al exterior, un nuevo reto que la motivaba. En esto consistía saborear la vida.

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