Relato de la comunidad

CAMBIOS

Por Javier Puchades

Al final del verano, espero el milagro. Es lo que pienso mientras el atardecer acaricia el día. Apuro un café antes de subir a la consulta del cirujano, mi salvavidas. Entro impulsando mi silla de ruedas. Una vez frente a él, me explica la intervención y los riesgos que conlleva. Me afirma que no me puede asegurar el éxito hasta pasados unos meses. Luego, me pregunta si tengo alguna duda. Entonces, aunque en mí todo son interrogantes, solo se me ocurre decir: «Sé que tras la operación seguiré sin poder brincar, pero, cuando mi madre me bañe desnuda, ¿dejará de llamarme Manuel?».

← Volver a todos los relatos
Saltar al contenido