Relato de la comunidad
Carlos
Por Juan Francisco Mencía Murga
Su deporte favorito era el trabajo. Actuaba como un halcón cuando persigue la pieza: Solitario, paciente, implacable y tenaz. Su destino era triunfar, porque tenía olfato, porque sabía medir el riesgo. Le consideraban un jefe duro y hasta cruel, aunque previsible, que odiaba el café para todos. Despreciaba la música celestial, la inconsistencia. Nunca buscó horizontes claros, sino posibles.
Aquella noche, frente al espejo, vistiendo sólo unas braguitas negras de encaje y calzando unos zapatos de finísima aguja, mientras dos gruesas lágrimas de alegría diluían el rímel y le pintaban dos rayitas negras en sus encendidas mejillas, decidió que sería lo que siempre fue: Mariola.