Relato de la comunidad
CECILIA
Por Javier Puchades
La desidia y el miedo han convertido la vida de Cecilia en una amarga rutina, que, con el paso del tiempo, es más difícil de reparar. Su único aliciente son las tardes con sus amigas, en torno a una mesa camilla, haciendo macramé y todo impregnado por el aroma a café. Su piel, yerma de caricias, siempre va cubierta ocultado las marcas del odio. Ella ya no desea a su príncipe azul, que cada vez se ha vuelto más oscuro, índigo, casi negro. Ahora, solo sueña con que un amanecer, si no le rompe las alas, tener el valor de volar lejos de él.