Relato de la comunidad
Cenizas
Por DIEGO ANGEL BALLESTEROS MARTINEZ
Navegar entre las brasas del bosque no es ya un viaje de descubrimiento, sino un tránsito por la memoria herida de la tierra. El humo parece generar signos secretos en el aire, jeroglíficos ardientes que nos recuerdan nuestra fragilidad. Frente al resplandor rojo, el alma debe enfrentar su propio reflejo: la avidez, el descuido, la ceguera. Y sin embargo, de esa ceniza late un impulso oculto, una semilla que sueña con prosperar bajo la caricia de una lluvia futura. El símbolo del incendio no clama destrucción, sino un llamado: actuar con la lucidez de quien sabe que todo arde.