Relato de la comunidad
Cierto.
Por Alicia Manzanares
La felicidad dura poco en casa del pobre.
Mi alegría mudó a decepción con la velocidad con la que salta una pulga de un perro a otro.
Toda una vida esperando tener coche propio y cuando lo consigo (de segunda mano) no me aguanta ni el tiempo de rodaje y para colmo el mecánico me dice “ya no hay piezas de recambio, busca en un desguace” y me despide deseándome suerte.
¡¡¿¿Hola??!! ¡¡¡Usted me vendió el auto!!! le recuerdo. Y encogiéndose de hombros se larga.
¿Se pensará, el capullo, que soy gilipollas o qué? ¡Pues se va a enterar!