Relato de la comunidad

Con la pata quebrada

Por Amalia Martínez Fernández

La luz se cuela por las rendijas de la persiana. Me levanto con la firmeza de no dar un paso atrás.

Nuestras abuelas y madres nos inculcaron que, la obediencia al marido era imprescindible para lograr, un matrimonio duradero.

Cuando escuchaba las noticias de la víctimas de género, trataba de convencerme, de que, se referían sólo al maltrato físico.

Ellas no me hablaron del psicológico, pero al fin he abierto los ojos.

Ya no aguanto más manipulaciones.

Volé con rumbo desconocido, donde el viento borrara el dolor de las desilusiones y pudiera saborear las mieles de un amor verdadero.

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