Relato de la comunidad
Corazón inmolado
Por Paula Emmerich
Robaron el cuerpo del catafalco y, cuando llegaron al lugar escogido para darle sepultura, como muestra de solidaridad, entonaron el Himno de la Alegría. No querían llorar.
Empezaron a cavar en un terreno estéril de propiedad del magnate del petróleo que se especulaba había ordenado el asesinato. El líder que había luchado por el planeta, con el corazón, era enterrado en las fauces de su enemigo.
Los perros olfatearon el traspaso y arremetieron contra los activistas, pero no desenterraron al muerto. Se acobardaron ante una fuerza subterránea, que ―creen sus seguidores― protege el bosque que brotó de aquella tumba.