Relato de la comunidad
Cuestión de dignidad
Por Feli Eguizábal Fernández
Tenía 7000 púas. Ni una más, ni una menos. Por eso, el ERIZO se sintió humillado cuando lo vendieron como si hubiera perdido alguna, como si perteneciera a una especie menor.
Su GÉNESIS lo definía como: “único en su especie”.
Dotado de dones que para otros quisiera la naturaleza, decidió ignorar la ignominia y el vacío.
Valiente y resuelto consiguió ALCANZAR el recinto amurallado que, teñido de AZUL le arrancó un grito furioso, parecido al BRAMIDO de un toro en celo.
El mundo no es como deber ser, pero es cambiante. Resignado, se enroscó y dejó pasar el tiempo.