Relato de la comunidad

Dani

Por Juan Francisco Mencía Murga

Amarillo y redondo, el rostro de la luna llena colgaba, brillante, sobre el mar, a sus espaldas. Era su primera vez en una planeadora. Le anegaba la inseguridad, tenía el corazón en la boca. Le pagarían quinientos euros por cargar y descargar unos fardos. Ramón, su primo, un experto en lo del hachís, era el mejor piloto. Manejaba dinero, tenía más de un amor y Dani le envidiaba. No tenía por qué pasar nada, pero resonó el rotor del helicóptero policial y Ramón aceleró. La planeadora levantó la proa violentamente y Dani cayó hacia atrás sobre la borda de popa. Sonó un golpe seco y la sangre le empapó la nuca.

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