Relato de la comunidad

Dejarse invadir

Por Silvia Gabriela Vázquez

Mientras otros aplauden exageradamente y vitorean, el brillo de sus ojos apenados contrarresta los ánimos opacos de esta noche sin luna, sin abrazos.

Sentado sobre un césped de cartón (apócrifo jardín), observa el decorado. Y recuerda parte del lema originario de su teatro: “Inclusión, diversidad, aprendizaje, perseverancia y arte”.

Y sin dudar, regresa al escenario, a agradecer, pedir, dar… ¡todo al mismo tiempo! Es su último día dirigiendo su obra mas perfecta en esta sala.

Abre las manos, lo invade la voz emocionada de su público. Las cierra. Trepa los escalones. Desde ahora, vivirá allí, en su paraíso.

← Volver a todos los relatos
Saltar al contenido