Relato de la comunidad
Desconsuelo
Por Arancha Naranjo
Irina ha viajado sola más de cuatro mil kilómetros con el dolor grabado en su rostro. Ha bajado y subido a autobuses cruzando fronteras. Huye de la guerra, del fuego, de los ataques aéreos, pero sobre todo de los intentos de suicidio por la impotencia ante el enemigo. Atrás ha dejado su casa y su vida.
Mi labor es la de acompañamiento. Me preocupo también por la salud física y mental de los refugiados, de organizar actividades de aprendizaje del idioma y de integración, pero también de dejarles su espacio de soledad para que puedan calmar sus heridas.