Relato de la comunidad
DESPERTAR
Por Amalia Martínez Fernández
Oigo mi nombre a lo lejos, intento abrir los ojos, pero me cuesta un gran esfuerzo, la cálida voz sigue hablándome y lentamente voy despegando los parpados.
Cuando consigo el enfoque correcto, comienzo a recordar. Me habla señalando la carpeta que recopila todo mi historial clínico, mientras yo sigo mirando fijamente esa pared blanca; es la última imagen que gravó mi memoria antes de sumirme en un profundo sueño:
– María, todo está bien, su gravedad ha sido de gran envergadura, ahora su nueva habitación está lista para hacer la mudanza.
No consigo hablar, pero aferrada a la sábana, lloro agradecida.