Relato de la comunidad
DING-DONG
Por manolivf
Estaba vistiéndose cuando oyó el timbre de la puerta. Preguntándose quien podía sería tan temprano, agarró un albornoz y salió al portal para ver con asombro una caja de cartón de la que asomaban dos orejas puntiagudas. Al momento adivinó la mano de su madre, cansada de aconsejarle compañía para mitigar su soledad. Nunca hubiera pensado que tener que ocuparse de otro ser que agradecía infinito sus cuidados le devolvería la alegría y la estabilidad, de forma que su hogar gris comenzó a teñirse de rojo vivo, amarillo sol, azul cielo y un verde esperanza que pronto encontraron su lugar.
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