Relato de la comunidad

DRAMAS COTIDIANOS

Por Angel Toribio Sevillano

Nunca había visto el mar, pero entendía a esa pobre gente que lo cruzaba buscando una vida mejor. «Ojalá ella pudiese ayudarlos», pensaba mientras escuchaba la radio a la luz de una vela. Desde que el edificio cambió de dueños se había acostumbrado a vivir sin electricidad, y sobrevivía gracias a la solidaridad y a la ayuda de los pocos vecinos que resistían. ¿Es que nadie podía encerrar a los mandamases hasta arrancarles un compromiso para arreglar los problemas?

Al menos hoy hacía menos frío. Una alegría. Sopló la llama y dejó la vela junto al colchón. Se llamaba Rosa.

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