Relato de la comunidad

Duermevela

Por María Felisa Eguizábal Fernández

El desasosiego me alcanza en la confusión de imágenes que llenan mi sueño y, cuando caigo por el precipicio, la luz se cuela por la venta y percibo que se trata de una ilusión. La pericia del subconsciente determina que es una pesadilla.

Son las seis y llueve con calma. Por el zaguán están diseminadas algunas briznas que llevaba en el calzado. Hasta una libélula, procedente de un ambiente frío y húmedo, donde la carrasca alberga todo tipo de vida, disfruta olisqueándolas…

La redacción, inacabada, se queda en la carpeta de asuntos que el tiempo resolverá, y sigo durmiendo.

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