Relato de la comunidad
EL DIOS TRISTE
Por Silvio Pavlov · México
Lo miré; se veía apagado. Había perdido su magia, esa que llenaba mi alma e inspiraba a mis letras para que usaran mi mano como instrumento. Entonces solo conocía el amor por la vida y por los inquilinos que transitaban por ella; quería que reinara la solidaridad y los niños hablaran de paz. Pero la humanidad es necia. Tomaron cuanto podían de él, se llevaron hasta la última gota salada de sus ojos y aun así, en su tristeza, siguió amándolos hasta el final, pues entendía su naturaleza: la naturaleza del humano.