Relato de la comunidad

El espía

Por Arancha Naranjo

Cuando lo conocí era un hombre austero, de alma triste y gran generosidad. Se apreciaba el miedo en sus manos sudorosas. Siempre acechante, mirando alrededor, esperaba la lluvia en un café, leyendo el periódico y cuando llegaba, se levantaba y preguntaba quién quería compartir un taxi con él para ir al malecón. Le gustaba ver las gotas fundirse en la inmensidad del océano. Me aventuré a ir con él y supe que había trabajado para el MI6 hacía muchos años, había escrito sus memorias y tomado la sombra bajo un olivo milenario, donde ahora esperaba su descanso.

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