Relato de la comunidad
El sable de Jaime
Por Feli Eguizábal Fernández
Carlota apoyada en su PERSEVERANCIA, saltó arrastrando su falda de tutu mientras escuchaba la voz del adolescente, «¡No saltes Carlota, te quemarás!»
Era más que EMPATÍA lo que sentía por Jaime, quien faltándole una pierna no podía escapar del fuego. Una LUZ de esperanza llegó con el zumbido de un helicóptero que se acercaba. Quedaba poco OXIGENO. Querían resistir, querían vivir y comprender por qué su vecino, el niño mimado había provocado el incendio.
La madre del incendiario, ahogada de dolor, recogió el sable que ella misma había regalado a Jaime, colocándolo en un lugar preferente de su HOGAR