Relato de la comunidad
El valor de la sobriedad
Por Feli Eguizábal Fernández
Llueven las típicas felicitaciones como cada año. Aunque, parecen circular con más zozobra y lentitud. Dadas las circunstancias, no es para menos.
Para mi sorpresa, la mía ha elegido el camino de antaño. Enclaustrada en un sobre ha llegado a familiares y amigos y, cuando menos, en sus caras se ha reflejado el entusiasmo.
No es nada del otro mundo: “tras el dibujo difuminado de un portal, aparece un diálogo que empezaba con pesimismo, pero la figura de un ángel lo va corrigiendo y convierte la tristeza en alegría”.
Son la ilusión y la fe, la magia de la Navidad.