Relato de la comunidad

El verano que la palmé no…

Por Ángela Sahagún Bonet

El verano que la palmé no tuvo ni un mal atardecer memorable. Las visitas al café de la playa era lo único que me salvaba de un profundo y pegajoso tedio. Cuando él insistió en llevarme a dar un paseo en barca, me pareció estimulante huir de la rutina del asqueroso veraneo. Cuando me empujó por la borda, no pude agarrarme a un salvavidas. Nunca he sabido nadar, así que la última visión que guardo en la retina son dos delfines que sabían brincar al tiempo que emitían unos sonidos, parecidos a risitas, esos que siguen perturbando mi descanso eterno.

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