Relato de la comunidad

El violinista

Por Juan Francisco MencíaMurga

Fuma sin descanso, hasta cuando toca y, siempre, al acabar la interpretación exhala dos o tres volutas de humo que se pierden entre la gente que pasa. Tiene un buen violín, el puente es de madera de arce y el cordal de palosanto y sus manos huesudas y blancas construyen un apasionado y cadencioso sonido. Toca cerrando los ojos y su nuez sube y baja, prominente, en la garganta. Tiene las ropas raídas y los zapatos siempre brillantes. Su edad no se adivina, aunque está bien entrado en quintas. En seis años, es el primer día que falta en los pasillos del metro.

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