Relato de la comunidad
ELLA
Por CARMEN ROSIQUE RABASCO
Cansada de intentar arreglar el zoom de la cámara, se dio por vencida. La fotografía era una de sus pasiones, la otra era la cocina, para ella eran dos artes equiparables. Se puso a confitar cebolla para relajarse. Preparó una salsa muy especial. Aunque la agricultura no era su fuerte, había decidido tener su propio huerto y estas cebollas acababa de arrancarlas ella misma. La sensación de cocinar sus productos le proporcionaba una felicidad, pura, genuina, ancestral; que no disminuyó al ver a su marido bajo el ventilador, poniéndose morado a solomillo mientras apartaba la salsa casi con asco.