Relato de la comunidad

Éramos una pandilla feliz. Lo que más alegría nos daba era ir a un gran charco que había a las afueras del pueblo a pescar ranas.

Por Marga Garcia Calvo

La yaya nos daba 3 pesetas por cada anca de rana.

– Mira Miguelito tengo una bien grande.

– Vamos, salta ranita. La ranita no se movía.

– Creo que es sorda y la queda poca vida. Vamos a llevarla al desguace. Esta rana tiene unas ancas hermosas.

– ¡¡ Nooooo¡!! Si la desguazáis me voy de la pandilla.

– Mirad que ojitos tiene!!.

Se cargaron a la rana.

– Hola yaya, no volveré a comer nunca ancas de rana

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