Relato de la comunidad

Ernesto de Estrada, el Dragón de Alarcos, le llamaban sus hombres, se batía fieramente empuñando la espada a dos manos.

Por José Antonio Sobrino

Herido y agotado se quito el casco, buscando aire fresco que mitigase el calor dedaquella aquella tarde de Julio.

Con sus mejores soldados, supervivientes de la derrota sufrida frente al ejército de Al-Mansur, defendian el Castillo del asalto Almohade, dando tiempo a Alfonso VIII a retirarse a caballo hasta Toledo.

Miro alrededor y se vio superado, el fin estaba cerca, un último esfuerzo, grito, por Dios y por el Rey cargando nuevamente contra un grupo enemigo.

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