Relato de la comunidad

—Escucha amigo, pues el manuscrito, que bien hallado fue en la taberna del tío Macario, no era otra cosa que un incunable— exclamó Aquilino

Por alma sempiterna

—¿Quién te trajo el recado? —replicó incrédulo Ceferino

—Yo mismo vi a Mateo metido en el tinglado, buscando un libro como loco después de habérselo jugado la noche anterior tras el vino. ¿Y sabe el motivo de tanta prisa? El grabado que pude archivar en la memoria

—Di que viste o calla para siempre, no andes perturbando a quien te escucha —inquirió Ceferino ansioso

— De una joya se trata malandrín, La Celestina. En estos tiempos que corren todo cuidado es poco, que anda suelta la guardia al desquite de las letras.

—¡Valiente granuja! ¡El muy hipócrita de Mateo!

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