Relato de la comunidad
Fidelidad
Por Paloma Sampedro
Mire usted, si no me cree, pregúntele al zagal que pastorea la hacienda: fue él quien así me lo contó. Dijo que andaba por allá, al pie del risco, cuando vio acercarse al Efrén y a la perra que, además de compañía, le hacía las veces de lazarillo, pues ya le iba alcanzando la ceguera. No más que llegó al arroyo, cuando la mujer con cola de pez surgió del fondo, lo abrazó y, sin más, se lo llevó con ella. Allí, a la orilla, quedó la perra esperando que su amo vuelva.