Relato de la comunidad

Fuego y cenizas

Por María Felisa Eguizábal Fernández

Los aborígenes no perdieron su fe, pero si cambiaron sus costumbres.

Ahora, se aferran al pasado, a las prácticas del pueblo Benahoare, con las que organizan el tagoror donde aúnan su inquebrantable fuerza y alimentan la resiliencia, como hace el volcán con las coladas, que necesitarán, mientras no cese el infernal rugido de Peña vieja.

Los animales, refugiados en los bosques de Laurisilva, y, conscientes del peligro que corren los humanos, dejan espacio para ellos de forma desinteresada, porque saben que la invasión de fuego y cenizas tardará en extinguirse.

¿Aprenderemos de ellos los Sapiens, Sapiens?

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