Relato de la comunidad

Isabel

Por Juan Francisco Mencía Murga

Nunca vio el mar, pero lo dio por visto. A su alrededor todo ocurría con cansina repetición. La diversidad le molestaba, le distorsionaba. Me exasperaba su conformidad, me enfurecía. Todo en ella era plano. Nunca le vi cantar y jamás aceptó su inclusión en el mundo real. Me miraba incrédula cuando le decía que tenía capada la libertad y se señalaba la frente con el dedo índice, como diciéndome que sólo somos libres en nuestra mente. Displicente y sentenciosa musitaba:

-Tu qué sabrás… alma de cántaro.

← Volver a todos los relatos
Saltar al contenido