Relato de la comunidad
LA ISLA DE LA ESPERANZA
Por Nuria Rodríguez Fernández
El PIRATA llevaba un parche de cartulina y una sonrisa prestada por el sol.
—Hoy llegaremos a la isla —dijo desde su cama.
Nadie creyó que fuera un EMBUSTE. Allí, imaginar era una forma valiente de seguir.
Sus ojos FEBRILES dibujaban el viaje.
A su lado, el PISTOLERO alzó su revólver de juguete y disparó tres deseos al aire: volver al colegio, correr sin cansarse, llegar al verano.
Las enfermeras leyeron las señales CABALES: dos manos apretadas, risas temblando, una sábana convertida en mapa.
Juntaron las camas.
Y el hospital, despacito, empezó a navegar hacia el mañana.