Relato de la comunidad

La pequeña prisionera con esa mirada triste.

Por Carlos Serviá Mingo

Su madre acumulando letras. Luchó mucho por la igualdad. Ahora reclama una oportunidad. La banca le niega accesibilidad a cualquier crédito.

Su padre, obligado a vender la vivienda familiar. Su hermano, a pesar del éxito por la creación de su lucrativo negocio inmobiliario, no perdonaba ningún gasto. Ni siquiera a sus padres. Así era de despiadado.

—Doble tres, salgo de la cárcel. ¡Te vas a enterar, hermano! — exclamó la pequeña enfurecida. —¡Esta partida de Monopoly será mía!

← Volver a todos los relatos
Saltar al contenido