Relato de la comunidad
La promesa
Por MARIA FELISA EGUIZÁBAL FERNÁNDEZ
Habíamos llegado a un acuerdo. Yo no hurgaría su comida y ella no pondría bromuro en la mía. Pero el aroma que salía de la cocina era tan intenso, que no pude dominar mi curiosidad, ni con un severo ejercicio de introspección.
¡Qué guiso tan exquisito, había preparado! El deseo me carcomía los huesos, pero mientras no se fuera, sería imposible alcanzarlo. Me quedé aletargado, casi dormido. Entonces salió.
Creyendo que se había tragado mi engaño, me abalancé sobre la comida.
En un principio creí alcanzar la gloria, después me vi a mi mismo volando hacia la eternidad.