Relato de la comunidad

LA SIEGA

Por Javier Puchades

En verano, cuando volvía a la finca, donde mis padres eran los guardeses, por atajar atravesaba la pradera de girasoles. Me gustaba traspasar aquel mar ocre.

En esa época, era muy ingenua. Por ello, la tarde que tropecé en el interior del campo con el señorito no me asusté. Su comportamiento fue inefable. Se abalanzó como una fiera. Su lujuria rasgó mi vestido y mancilló mi inocencia. Nadie escuchó mis gritos bajo aquel frondoso verdor, que comenzó a perlarse de rojo.

Ahora, a la sombra de los girasoles, espero la siega, para que mi familia, al fin, averigüe por qué no regrese a mi hogar.

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