Relato de la comunidad
LEY DE TALIÓN
Por Irene García-Ganges
Con malévola sonrisa el pequeño Benito desbarató el nido que con entrega la estornina había construido.
Con sumo cariño cogió el niño los huevos y se relamió imaginando el suculento almuerzo.
Fue entonces cuando la estornina, con un calculado plan de vuelo, implacable y con la vitalidad que da la sed de venganza, se lanzó en picado con fervor de maternal luchadora a sacarle los ojos.