Relato de la comunidad

MÁXIMO

Por GOLOSINAS LITERARIAS

No hay palabras. Poco importa el lugar donde las pronunciemos: un teatro, una catedral o un ateneo. Ha muerto Máximo, a quien no pude conocer en vida, pero he podido sentir la respiración entrecortada de sus amigos elevando sus plegarias al acogedor cielo de Madrid. Cuando lo científico llega tarde al rescate de un alma buena, suelo buscar refugio en lo literario. La voz profunda de Máximo se ha quebrado, como la semilla de la parábola bíblica, fructificando en las 54 esperanzadas voces de los niños africanos a los que ha ayudado a escolarizar con su quehacer artístico.

D.E.P.

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