Relato de la comunidad
MI ABUELO FRANCISCO
Por Claudia Rivera
Sentado sobre la ARENA, su mente volaba hacia su aldea natal a orillas del Miño.
Aunque intentaba mostrarse fuerte y decidido ante su familia, sentía una profunda MORRIÑA al recordar aquellos montes, la VEREDA junto a su casa de piedra, las campanadas de la iglesia, el sonido de la gaita, sus amigos…
Levantó la vista hacia el horizonte, atravesando un mar INFINITO que lo separaba de su terruño.
El mar se tornó borroso.
Con la brisa perfumada de SALITRE dándole en la cara, entrecerró sus ojos húmedos mientras abrazaba a su hijo, justificándose, una vez más, por haber elegido aquel exilio.