Relato de la comunidad
Otra Navidad
Por Amalia Martínez Fernández
Escucho con tristeza los villancicos navideños, pero me he prometido no derramar ni una lágrima. Tengo que ser fuerte y convincente, para elevar mi denuncia a los altos mandos de la O.N.U.
Las personas sin escrúpulos, deberían ser castigadas por teñir de rojo la Navidad. Las guerras y sus consecuencias dejan en el olvido, el verde de los valles y montañas. El desarrollo del bienestar, y la capacidad de salir de la muerte y destrucción.
Las armas de los inocentes, son sus manos. Manos de trabajadores, de niños, incapaces de matar.
Intento mantener la serenidad cuando comienza mi turno…