Relato de la comunidad
PLACENTA PREVIA
Por Joaquín
Mi capacidad de resistencia estaba al límite; la sangre tenía las sábanas. Mi marido apuntaba con la pistola de juguete a la matrona hispana, que no paraba de repetir que la hemorragia era debida a una placenta previa, que debíamos ir con urgencia al hospital.
Que Yankilandia fuera un lugar de oportunidades y de igualdad lo desmentía el hecho de que, por no tener dinero ni papeles, yo fuera a morir en una habitación cochambrosa de East Harlem.
Suerte que Luisa, la matrona, me hizo la cesárea en vivo, con un cuchillo de cocina. Y aquí está ahora Luisita, mamando.