Relato de la comunidad
SER AGUA
Por Galilea
El jugador se paró en el centro del campo. Desde las gradas aplaudían jaleando su nombre. “¡Usa la izquierda!”, le pedían con fervor. Es lo que esperaban del mejor jugador zurdo del mundo. En cada partido su entrega y pasión por ganar constituían un auténtico espectáculo. Pero hoy todo era diferente. Sintió la presión y el miedo de no estar a la altura. Cayó de rodillas y lloró desconsoladamente. Lloró tanto, que fue descomponiéndose hasta ser sólo lágrimas filtrándose entre la hierba. El público enfureció; no habían pagado para esto.
El sol reflejó un arco iris sobre la hierba mojada.